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Estimats amics:

Benvinguts al blog de la Comunitat Parroquial de l’Assumpció de la Mare de Déu a Onda, a la diòcesi de Sogorb-Castelló.

Són els catequistes de la Parròquia els qui llançaren la proposta de crear aquest blog. I com pots vore ja és una realitat. Es tracta d’un camí més per a créixer com a Comunitat, com a família de Déu. Un mateix lligam, que són els “llaços de la fe”, ens uneix. Som deixebles de Crist Ressuscitat i el nostre testimoni de germanor ens fa creïbles. Per això, el Regne de Déu i el seu creixement és el nostre gran objectiu. A partir d’ací la resta de les coses.

El blog no sols és un instrument per a comunicar, ni de bon tros un mostrari per a vore què és el que es fa a la Comunitat. Naix amb la vocació de mantindre la connexió necessària sempre al si d’una família i amb el desig de compartir.

Als qui formeu part de la Comunitat donar-vos les gràcies i demanar-vos la vostra col·laboració, com sempre! Als qui accediu providencialment a aquest blog, donar-vos la benvinguda de tot cor i convidar-vos a formar part d’allò que som. I com be diu una expressió ben nostra: “Benvingut sia qui a sa casa ve!”

Maria, la mare de la Comunitat, germana nostra, vos guarde sempre, als qui accediu al blog i als qui el feu possible!

Mn. Domingo Galindo

dijous, 1 de maig del 2014

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO, DONES DEL ESPÍRITU SANTO: SABIDURÍA

El Santo Padre ha habladodel primero: la sabiduría. 'No se trata simplemente -ha dicho- del saber humano que es frutodel conocimiento y de la experiencia'. La sabiduría que concede el Espíritu Santo es 'la gracia de poder ver todas las cosas con los ojos de Dios.... Es ver el mundo, las situaciones...los problemas, todo, con los ojos de Dios. ....Y obviamente esto deriva de la intimidad con Dios... de la relación de los hijos con el Padre...Cuando estamos en comunión con el Señor, el Espíritu Santo es como si transfigurase nuestro corazón y nos hiciera percibir todo su calor y su predilección'.
El Espíritu Santo hace entonces del cristiano 'un sabio'. ¡Pero -ha explicado Francisco- no en el sentido de que tiene una respuesta para todo, que sabe todo, sino en el sentido de que...sabe como actúa Dios, conoce cuando algo es de Dios y cuando no lo es...El corazón del sabio, en este sentido, tiene el gusto y el sabor de Dios...Tenemos dentro de nosotros, en nuestro corazón al Espíritu Santo: podemos escucharlo o no. Si lo escuchamos, nos enseña este camino de sabiduría; nos regala la sabiduría que consiste en ver con los ojos de Dios, escuchar con los oídos de Dios, amar con el corazón de Dios, juzgar las cosas con el juicio de Dios. Esta es la sabiduría que nos regala el Espíritu Santo y todos podemos conseguirla. Solamente tenemos que pedírsela'.
Como ejemplo de sabiduría en la vida diaria, el Papa ha puesto el ejemplo de un matrimonio que se enfada 'y no se miran, o se miran con mala cara: ¿esta es sabiduría de Dios?. ¡No!. En cambio, si se dicen: 'Ha amainado la tormenta, vamos a hacer las paces ' y empiezan otra vez a caminar juntos en paz...ese es del don de la sabiduría'.
'Esto -ha concluido- no se aprende; es un regalo del Espíritu Santo. Por eso tenemos que pedir al Señor que nos conceda al Espíritu Santo y el don... de esa sabiduría de Dios que nos enseñe a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios. Y así, con esa sabiduría, vamos adelante, construimos la familia, construimos la Iglesia y todos nos santificamos. Pidamos hoy la gracia de la sabiduría. Y pidamosla a la Virgen que es Trono de la Sabiduría'.
Ciudad del Vaticano, 9 abril 2014

dilluns, 28 d’abril del 2014

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO EN LA CANONIZACIÓN DE LOS BEATOS JUAN XXIII Y JUAN PABLO II (27/04/2014)

En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que san Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado.
Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde, como hemos escuchado, no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos: Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).

Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1 P 2,24; cf. Is 53,5).
San Juan XXIII y san Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresia del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

divendres, 18 d’abril del 2014

Via Crucis

Us adorem, Senyor i us beneïm.

Perquè amb la vostra Santa Creu heu redimit el món.